Inmigración y FP: una política de integración productiva
Cuando se analiza la situación de la Formación Profesional (FP) en Cataluña y sus retos de futuro, aparecen diversas cuestiones estrechamente entrelazadas, cuyas soluciones dependen unas de otras. Entre todas ellas, sin embargo, hay algunas singulares por su complejidad, que reclaman un tratamiento específico. Una de ellas es la inmigración.
El volumen y la velocidad de llegada de inmigrantes a Cataluña son hoy elevados en comparación con otros países de la Unión Europea. Este fenómeno, que todos los estudios indican que irá en aumento, tiene una incidencia directa y medible sobre la vivienda, la enseñanza y el sistema sanitario, y una incidencia menos visible pero igualmente relevante sobre la pervivencia de la lengua y la cohesión social —desde su instrumentalización política hasta el choque cultural—. Por todos estos motivos, requiere una política adecuada y una visión de futuro clara.
Cataluña dispone de pocas competencias en política migratoria: la parte más importante de la gestión de los flujos —visados, permisos de residencia, contingentes— es competencia exclusiva del Estado. Lo que sí puede hacer es gestionar la integración a través de la educación, la formación y el acceso a los servicios, e influir indirectamente en la atracción de perfiles cualificados mediante la política industrial y formativa. La pregunta de si Cataluña puede tener una política migratoria propia es legítima, pero conviene ser precisos sobre su alcance real: no se trata principalmente de una política de flujos, sino sobre todo de una política de integración productiva. Y en este terreno sí existe margen de actuación.
La población recién llegada no es homogénea: una parte significativa llega con niveles de estudios superiores o con experiencia laboral cualificada; otra se incorpora directamente a sectores de baja productividad —hostelería, servicios personales, agricultura de temporada— que, tal como documenta el reciente Informe Fénix, han concentrado el 44 % de la creación neta de empleo en Cataluña entre 2008 y 2023 en puestos de trabajo de bajos salarios.
No se trata, por tanto, únicamente de un problema de las personas que llegan: es también un problema del modelo económico en el que se insertan y de la manera en que lo hacen. En este sentido, sería necesario reducir el volumen de necesidades de mano de obra extranjera incorporando al mercado laboral a la población autóctona (jóvenes, desempleados, séniores…) y a las personas inmigradas que ya están aquí, orientando al mismo tiempo la economía hacia empleos de mayor valor añadido. Se necesita un cambio de modelo para aprovechar mejor el potencial ocupacional de la población residente en el país.
El verdadero campo de actuación para Cataluña consiste en convertir la FP en el instrumento de integración productiva de la población inmigrante y, dentro del modelo de FP, activar con intensidad y rapidez la modalidad de FP Dual Intensiva, en la que el estudiante se forma al mismo tiempo que trabaja en la empresa. La conexión entre el diagnóstico macroeconómico y la política formativa es aquí directa y operativa.
La Dual Intensiva es especialmente adecuada para la inmigración por una razón que va más allá del contenido curricular: para muchos inmigrantes, el reto no es aprender una técnica que a menudo ya dominan en otro contexto, sino demostrar que saben aplicarla en un entorno laboral catalán, con las herramientas, los protocolos y las relaciones que le son propios. La Dual Intensiva crea exactamente ese entorno: la empresa se implica directamente en la formación y en la selección, y la persona inmigrante obtiene simultáneamente una cualificación reconocida y una experiencia laboral verificable.
Para que esto funcione, es necesario desmontar los obstáculos específicos que el sistema actual impone a este colectivo. Son cuatro.
El primero es el modelo de certificación. Los itinerarios formativos deben permitir acumular módulos y certificados de forma progresiva, sin tener que reiniciar desde cero en cada cambio de tramo o nivel, y con curvas de aprendizaje cortas adaptadas a personas adultas con obligaciones familiares y laborales. Es necesario aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece la Ley de Ordenación e Integración de la FP de 2022 para ofrecer propuestas formativas mucho más flexibles y adaptables a las necesidades de cada persona.
El segundo es el comunicativo. La capacidad para comunicarse en la lengua del país debe adquirirse en paralelo a la formación técnica, y no como un requisito previo que bloquee el acceso durante meses o años. En aquellos casos en que el dominio de la lengua sea nulo, es necesaria una formación inicial que permita una comunicación básica. A partir de ese punto, aprender la terminología técnica en catalán puede hacerse mientras, por ejemplo, se aprende a soldar. Si se sigue este itinerario, la integración productiva puede producirse en seis meses; si, por el contrario, es necesario completar primero un curso de lengua y después acceder a la formación, el proceso puede alargarse hasta dos años antes de que la persona sea plenamente activa.
El tercero es el horario. Es necesario incorporar la formación de la población inmigrada —y, de hecho, de todos los trabajadores— dentro de la relación laboral y, por tanto, flexibilizar la jornada para hacerla compatible con la formación. La Dual Intensiva puede desempeñar un papel clave en la consecución de este objetivo, permitiendo que las personas que trabajan en sectores de baja productividad puedan acabar abandonándolos. Con ello saldrán beneficiadas tanto la sociedad como la economía.
El cuarto, quizá el más estructural, es el reconocimiento de la experiencia previa. Es necesario optimizar los procedimientos administrativos de reconocimiento de titulaciones obtenidas en otros países —existe un amplio margen de mejora— y acelerar radicalmente los procedimientos de acreditación de competencias profesionales adquiridas mediante la experiencia laboral; si el proceso tarda años, resulta funcionalmente inútil.
La presión sobre el Estado para modificar los criterios de admisión migratoria es necesaria, pero sus resultados son inciertos. La transformación del sistema formativo catalán para integrar productivamente a quienes ya están aquí es posible, depende de decisiones catalanas y puede producir efectos visibles en un horizonte de cinco a diez años. Es ahí donde debe concentrarse la energía.
Francesc Colomé, Xavier Farriols, Josep Francí y Oriol Homs.