Fortalecer los centros de FP:  la prioridad menospreciada

El debate sobre la Formación Profesional (FP) en Cataluña ha girado demasiado a menudo en torno a la gobernanza del sistema: ¿qué administraciones e instituciones deben participar? ¿Qué función debe tener cada una de ellas? ¿Cómo puede equilibrarse, si es necesario hacerlo, la representación de las administraciones y de los agentes sociales? ¿Cómo se reflejan en la normativa las conclusiones de estos debates? Son debates necesarios y legítimos, pero no pueden consumir toda la energía de los diferentes actores y agentes implicados en la FP ni, menos aún, dejar en un segundo plano una cuestión todavía más fundamental y determinante: ¿cómo hacemos más fuertes los espacios donde las cosas realmente suceden? Es decir, ¿cómo reforzamos la red de centros de formación?

Porque los centros de FP —con su profesorado, el personal de gestión, los equipos directivos, las instalaciones, los equipamientos y las dinámicas de aprendizaje— son el auténtico corazón del sistema. No son un engranaje más: son el espacio donde se concreta todo aquello que administraciones, instituciones y entidades de apoyo han promovido, facilitado e impulsado. Allí es donde se forman las personas que, en un mañana ya muy próximo, deberán aportar valor a la actividad económica y contribuir a una sociedad más próspera y equitativa. Todo lo que sucede fuera de los centros —leyes, pactos, estructuras de gobierno— tiene poco sentido si no repercute positivamente en lo que sucede dentro.

Resulta pertinente hacer una breve comparación con el ámbito universitario. Cuando valoramos el sistema universitario, no preguntamos primero cómo se organiza su gobernanza, qué financiación recibe o si las administraciones públicas le dan mucho o poco apoyo. Preguntamos qué universidades lo configuran, cuál es su prestigio, cuál es su proyección internacional y, en definitiva, cómo contribuye cada una de ellas a la formación de personas altamente cualificadas.

La primera aproximación al sistema de formación y cualificación profesional debería parecerse mucho a la que aplicamos en el caso de las universidades. Lo que podríamos denominar “criterio de éxito” debe ser la capacidad de los centros, la calidad y excelencia de los servicios que ofrecen a personas y empresas, y los resultados del aprendizaje de su alumnado. Cada uno de los “nudos” de la red —los centros— debe tener capacidad de atracción de personas y empresas que recurran a sus servicios porque consideran que obtendrán buenos resultados en términos de cualificación profesional.

Para llegar a este punto, los centros de FP —especialmente los públicos, que constituyen el grueso principal del sistema y son aquellos en los que la aplicación de nuevas políticas es más directa— necesitan dos cosas concretas. La primera es inversión: en nuevos edificios, en maquinaria actualizada, en material didáctico que esté a la altura de unos sectores productivos que no dejan de cambiar. La segunda es un marco jurídico renovado, pensado específicamente para la realidad de un centro de FP, que es muy diferente de la de un instituto de ESO o de Bachillerato. La relación permanente y estructural con el tejido empresarial, la gestión de las prácticas, el impulso de la formación dual, la conexión con las necesidades del mercado laboral: todo ello requiere herramientas normativas que el marco actual sencillamente no ofrece.

Cataluña tiene, afortunadamente, un buen número de centros de FP que ya presentan resultados excelentes. De muchos de ellos —a algunos les hemos dedicado artículos recientes en Opina FP, y vendrán más— somos testigos directos. Pero con demasiada frecuencia consiguen convertirse en referentes gracias al esfuerzo extraordinario de sus equipos directivos y de su profesorado: una dedicación que va mucho más allá de lo que sería razonable exigir y que, por tanto, no puede garantizarse indefinidamente. La principal fortaleza del sistema es, al mismo tiempo, su posible talón de Aquiles. Lo que necesitamos es un sistema que haga posible la excelencia de manera estructural, sostenible y replicable.

Fortalecer los centros de FP no es una medida técnica ni administrativa. Es una decisión política de primera magnitud. Sería bueno que el debate público empezara a tratarla como lo que es.

Josep Francí, Francesc Colomé, Xavier Farriols i Oriol Homs