Escola del Treball de Barcelona, carga de futuro

Las paredes de la Escola del Treball de Barcelona cargan con todo el peso de una historia de más de un siglo. Una trayectoria brillante en los primeros veinticinco años, convulsa durante la dictadura y con un lento renacimiento a partir de los años ochenta. Después, los veintisiete años de dirección de Carmelo Gómez devolvieron el relieve y la proyección institucional que corresponden a la Escola del Treball y sentaron las bases de estabilidad para el crecimiento que se produjo con los ocho años de José Luis Durán como director y que continúan con fuerza renovada con la primera directora del centro, Gemma Olmo.

En suma, mucha historia, altibajos, avances y retrocesos, pero siempre un referente. Tras revisitar la Escuela y conversar durante tres horas interesantísimas con Gemma Olmo y con Luis Manuel Martínez, subdirector de FP (turno de tarde), salimos convencidos de que la carga de historia queda eclipsada por la potencia del presente y del futuro.

Algunas cifras ayudan a hacerse una idea del momento actual del instituto. Cuenta con 3.096 alumnos, de los cuales aproximadamente un 45 % procede de fuera de Barcelona por el prestigio de la Escuela y también por el buen acceso en transporte público. Abre a las 8 de la mañana y cierra a las 10 de la noche, en dos turnos: a grandes rasgos, grados medios por la mañana y grados superiores por la tarde. Un claustro de unas 270 personas, 21 personas de servicios administrativos y subalternos, y un equipo directivo de 11 personas.

La oferta formativa la encabezan los 28 ciclos formativos de grado superior —pertenecientes a 11 familias—, seguidos por 14 ciclos de grado medio integrados en 10 familias profesionales. Solo una familia, Energía y Agua, no tiene oferta de grado medio, lo que facilita la posibilidad de realizar itinerarios formativos dentro de la misma familia profesional. Seis Programas de Formación e Inserción (PFI), cuatro Cursos de Especialización, cuatro grupos de Bachillerato (itinerarios de Ciencia y de Tecnología) y casi una decena de Cursos de Profesionalización financiados por el SOC completan una oferta muy amplia, que se enriquece con servicios de evaluación y acreditación de competencias profesionales, servicios de orientación, programas de movilidad internacional y otros.

¿Cómo encaja una oferta tan amplia en la iniciativa BPro del Consorcio de Educación de Barcelona? Ocupando una posición de centro más generalista, de instituto politécnico que no tiene un único sector como referente, sino que actúa como “eje vertebrador” en la gestión de proyectos que sirven de vínculo o punto de unión entre diferentes familias profesionales (proyectos transversales). Una opción inteligente para aportar a BPro toda la capacidad de la Escola del Treball.

Cuatro líneas de desarrollo

Cuatro líneas de desarrollo guían la actividad actual de la Escuela. Las mencionamos brevemente, sin que el orden implique jerarquía.

La primera es la innovación, que comporta la participación en un número considerable de redes de centros, así como en iniciativas y convocatorias públicas que aportan dinamismo, retos y financiación. La Escola del Treball participa en 14 proyectos de innovación del Ministerio de Educación y Formación Profesional, forma parte de la red estatal de Centros de Excelencia en el sector de la fabricación automatizada y de la red europea de excelencia mediante un proyecto COVE (Center of Vocational Excellence) en el sector de fabricación avanzada para la sostenibilidad y la digitalización. Desde el curso pasado, la Escola del Treball es Centro Integrado de FP. La financiación recibida ha permitido adquirir equipamiento puntero, con la consiguiente mejora de la calidad formativa y dinamización del profesorado. Como anécdota significativa, en la visita a los talleres pudimos comprobar que todo el equipamiento adquirido estaba preparado para su uso. Puede parecer una obviedad, pero la “síndrome del material embalado y arrinconado” no ha sido ajena a la historia de la FP en Cataluña. Afortunadamente, parecen episodios superados, y la Escola del Treball es un buen ejemplo.

La segunda línea de actuación es la equidad de género. Es tristemente destacable que, de los más de tres mil alumnos del instituto, solo un 23 % sean mujeres. Esto se explica por la preeminencia de ciclos formativos orientados a la industria y por el hecho de que, incluso en ciclos en los que no incide ningún factor de fuerza física, como los de Informática o Electrónica, la mayoría también son hombres, ya que las retribuciones y el prestigio social de las profesiones correspondientes condicionan el acceso de las mujeres. Esta posible explicación no ha sido obstáculo para poner en marcha iniciativas de peso para contrarrestar esta realidad.

La página web de la Escuela contiene muy buenos testimonios de mujeres —profesoras y alumnas— que se han abierto camino en profesiones masculinizadas y que sirven de inspiración para las mujeres más jóvenes. Pero quizá el proyecto con mayor proyección sea el #EdtWomenDays, organizado para promover que las chicas opten por los ciclos formativos en los que su presencia es menor. Se lleva a cabo mediante prácticas reales en los talleres de la Escola del Treball para chicas de etapas educativas más tempranas, de 5.º y 6.º de primaria, y/o mediante charlas en otros centros —especialmente si son de primaria— para realizar actividades que permitan generar un primer interés de las chicas por profesiones y oficios que desconocen y que quizá consideran que “son de chicos”. Actuaciones todas ellas que, desde una valoración absolutamente neutra desde el mercado de trabajo, inciden en una de las claves para abastecer al mercado laboral de personas cualificadas (algo especialmente evidente en las profesiones del sector industrial).

La tercera línea de desarrollo es la Orientación y la Inclusión. El centro cuenta con un Punto de Información y Orientación Profesional, con una función primordial en la sociedad actual: ayudar al alumnado en sus itinerarios de formación y profesionalización. Los entornos cambiantes en los que vivimos otorgan un gran protagonismo a este tipo de servicio. Por otro lado, también se ha incidido en la apuesta por hacer una FP más inclusiva, que evite que cualquier característica personal sea un obstáculo para acceder a la Escuela.

Finalmente —insistimos, no por orden de prioridad—, la Sostenibilidad. La Escuela ha entrado recientemente a formar parte de la red de Escuelas Sostenibles de Barcelona y, por tanto, cumpliendo una serie de protocolos sobre sostenibilidad, desarrolla diversos proyectos importantes en este ámbito. Destacamos dos: el desarrollo de energía fotovoltaica con una potente instalación en funcionamiento gracias a un proyecto con la Diputación de Barcelona, y un proyecto de generación de hidrógeno verde. Más allá de estos proyectos, afronta uno de los problemas más acuciantes, por evidentes, que se nos plantean hoy en día: la gestión de residuos de chatarra informática, unos residuos que en el centro son especialmente abundantes y visibles debido a la constante renovación de estas tecnologías. Precisamente en este ámbito, la Escuela está desarrollando un proyecto de sostenibilidad basado en el reciclaje de equipos informáticos con la participación del alumnado y realizando donaciones a entidades con el objetivo de que los utilicen y alarguen la vida útil de los equipos, reduciendo la huella de carbono.

El dinamismo que muestran todas estas iniciativas permitiría vislumbrar unas posibilidades de crecimiento muy grandes. Si nos guiáramos por los datos de preinscripción, la posibilidad es bien real. Pero hay un condicionante que lo impide: las limitaciones del espacio físico no permiten crecer más, al menos en el recinto actual. La semipresencialidad sería la única opción de crecimiento con poca exigencia de nuevos espacios. El equipo directivo empieza a planteárselo como proyecto de futuro. Vista la fuerza que tiene, quizá acabe sucediendo…

Visto con perspectiva, el cambio operado en la Escola del Treball en la última década es muy remarcable. Podría decirse que se ha pasado de la energía potencial a la cinética, de vislumbrar muchas posibilidades a desarrollar la musculatura necesaria para construir proyectos de referencia. ¿Cómo ha sido posible? ¿Qué factores lo han favorecido?

Si la respuesta fuera fácil, habríamos encontrado la piedra filosofal de la mejora de la FP. Pero no lo es. En el caso de la Escola del Treball de Barcelona, desde el primer mandato de José Luis Duran —y ahora también con la dirección de Gemma Olmo— se pueden identificar dos constantes: el trabajo en red y la proyección exterior del centro. El primero, entendido en el sentido más amplio de la expresión: compartir proyectos con otros centros, pero también entre el profesorado del propio centro, algo que con un claustro como el de la Escola del Treball no es un asunto menor. La proyección exterior —en términos coloquiales, “salir fuera”— se ha concretado en una magnífica actividad a nivel internacional y también en una labor continuada de colaboración con empresas.

Seguro que hay otros factores, por supuesto, pero los cambios en la Escola del Treball muestran la importancia capital y la gran fuerza de un equipo directivo determinado y con los objetivos claros que lidera un claustro de profesorado implicado. Una gran noticia para la Escola del Treball de Barcelona y, al ser el centro de FP más grande de Cataluña y un referente histórico, una gran noticia para el conjunto de la FP en Cataluña.

Josep Francí, Francesc Colomé, Xavier Farriols y Oriol Homs.