Tecnología en la orientación
Vivimos tiempos de cambios acelerados que impactan especialmente en los ámbitos de la formación y del trabajo, inmersos en grandes transiciones (la ecológica, la digital, la demográfica) cuyo rumbo desconocemos. Este entorno cambiante genera grandes incertidumbres en las personas (y también en las organizaciones), sometidas a tomar decisiones relevantes con mayor frecuencia y a gestionar su trayectoria con pocas seguridades sobre su futuro.
Por ello, hoy más que nunca, es necesaria la Orientación Profesional. Disponer de “servicios y actividades que asistan a las personas, a cualquier edad y en cualquier momento de su vida, a tomar decisiones educativas, formativas y laborales y a gestionar su trayectoria profesional”, tal como la define la OCDE.
Existe la necesidad de combinar una oferta universal de servicios y actividades al alcance de toda la población con una atención personalizada a cada persona a lo largo de su vida. ¿La tenemos? Para la minoría que puede asumir los costes de contratar una atención personalizada, seguro que sí. Pero ¿y la mayoría?, ¿tiene el conjunto de la población acceso a servicios y recursos personalizados de orientación a lo largo de su trayectoria profesional?
La respuesta, si atendemos a lo que existe hoy, es claramente que no. ¿Por qué?
Porque en el ámbito académico los servicios de orientación están más centrados en funciones informativas (jornadas, ferias…) que en desarrollar procesos orientadores continuados. Diversos diagnósticos (OCDE, CEDEFOP, UNESCO) coinciden en señalar la escasa integración de la orientación en nuestra práctica educativa y la limitada implicación del profesorado, derivada tanto de la falta de formación específica como de la ausencia de herramientas y procesos sistemáticos para trabajarla en el día a día.
Y en el ámbito laboral observamos cómo los servicios públicos de orientación siguen estando más focalizados en cubrir necesidades administrativas (registros, controles censales, gestiones procedimentales) que en ofrecer procesos orientadores a los usuarios que los necesitan. Según diversos diagnósticos (OCDE, CEDEFOP, AIReF), persisten déficits en lo relativo a la coordinación y seguimiento de los procesos orientadores y, a menudo, estos aportan poco valor a las personas usuarias.
¿Es posible revertir esta situación? ¿Cómo? ¿A qué coste?
Es posible si desde la Administración se asume que se trata de un servicio público y que es una prioridad. Si se asume no solo por la obligación legal que impone la normativa vigente (por ejemplo, “la cartera de servicios mínimos”), sino porque exista el convencimiento y se manifieste con la voluntad política de pasar a la acción, con una estrategia decidida hacia un objetivo claro: activar una oferta efectiva de recursos y servicios para el conjunto de la población que se ajuste a las necesidades concretas de cada persona en cada momento de su tránsito por las etapas formativas y por el mercado de trabajo.
¿Cómo? Empleando la metodología adecuada, aprovechando las oportunidades de las TIC y otorgando a los profesionales el papel que les corresponde. Desarrollemos estas ideas.
Es clave utilizar una metodología apropiada. En el marco europeo, el modelo creado por el antiguo ISFOL (actual INAPP), aunque predominantemente analógico y procedimental, sigue siendo la mejor referencia. El modelo integra en sus procesos tres fases: el diagnóstico inicial, la evaluación de competencias y el diseño de itinerarios personalizados, alineados con el objetivo señalado.
También es clave poner en juego todo el potencial de la tecnología. Las TIC hacen posible:
a) Personalizar la información: la inteligencia artificial y los modelos de análisis competencial permiten perfilar a una persona y contrastarla con las necesidades del mercado de trabajo en tiempo real.
b) Universalizar los accesos: cualquier persona, desde cualquier dispositivo conectado, puede acceder a recursos y servicios personalizados.
c) Gestionar grandes volúmenes de datos de la forma deseada: el big data y la IA generan la información necesaria de manera comprensible, comparable y accionable para la persona.
Y, por último, es fundamental que los profesionales de la orientación se dediquen a las tareas para las que están cualificados y se les libere de la actividad administrativa que actualmente los absorbe. Es necesario invertir en su formación para que estén permanentemente actualizados y dotarlos de nuevas herramientas que les permitan ser eficaces en su trabajo: cuadros de seguimiento, indicadores, prospectivas de mercado, mapas de tensiones sectoriales o territoriales, etc.
Ahora bien, las piezas deben estar en su lugar para que todo funcione de manera armónica. Pensemos en una oferta universal de servicios y actividades estructurada en dos niveles de atención: un primer nivel (orientación primaria) ofrecido a través de aplicaciones tecnológicas gobernadas por la metodología adecuada, y un segundo nivel (orientación especializada), constituido por los servicios prestados por los profesionales de la orientación. Todo ello acompañado, naturalmente, de un servicio personalizado de asistencia y apoyo para aquella parte de la población que no interactúa con herramientas digitales.
Y para hacer todo esto, el coste no es el problema. Lo era cuando se entendía que personalizar los servicios solo era posible mediante profesionales especializados. Hoy es posible personalizar servicios de forma eficiente, con un coste marginal y en cualquier ámbito territorial.
Me permito una consideración final para acelerar la necesaria modernización del sistema público de orientación y alcanzar más rápidamente el objetivo, dado que el tiempo juega en contra. Sugiero estar atentos y aprovechar, cuando convenga, las iniciativas de la sociedad civil organizada, del sector privado y del ecosistema de innovación que apunten en esta dirección. Es una forma de transferir conocimiento con mayor rapidez, escalarlo y activar determinados recursos que difícilmente surgirán desde la propia Administración debido a su inercia de funcionamiento y a sus procesos de contratación.
Existen referencias consolidadas a las que convendría dar mayor difusión, como el Mapa de Empleo de la Fundación Telefónica, por su aportación de datos actualizados, o el Barómetro de Pimec, por sus análisis ocupacionales ex post. Y también nuevas iniciativas a las que es necesario prestar atención, como la creación del espacio de datos compartidos sobre ocupaciones, formación y mercado de trabajo (EmpleaDato), promovido por la Fundación Ergon, o EmpleApp, la solución digital de Eyskills para ofrecer orientación personalizada en las etapas formativas y en la inserción y transiciones en el mercado laboral.
Para terminar, un recordatorio: sin una orientación profesional universal y personalizada, la transición educativa y laboral acaba convirtiéndose en un factor de desigualdad. Y ya son demasiados…
Jordi Oliveras Coll, Economista i fundador de Eyskills.